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LOS CRÍMENES CULTURALES
Desgraciadamente, y de una manera general, las personas pertenecientes a las clases sociales superiores de la sociedad, los sabios, los eruditos, los artistas, los escritores, los magistrados, los médicos, etcétera, guardan una discreta reserva, como si tuviesen miedo de hablar, porque son menos libres, tienen intereses que salvaguardar y se callan, mientras los otros hablan. Esta cuquería, esta cobardía, son despreciables. ¿De que se tiene miedo? Negar los hechos por ignorancia es excusable, pero no atreverse a confesar lo que se ha visto, ¡que miseria!...Existen criminales que no están en las cárceles: son los hombres cultos que conocen verdades y no se atreven a revelarlas por temor al ridículo o por interés personal. En el curso de mi carrera he encontrado muchos de estos "hombres de ciencia" muy inteligentes, muy instruidos, que han sido testigos o que han conocido hechos metapsíquicos irrecusables, que no dudaron de la existencia indiscutible de estos fenómenos, y que no se atrevieron a decir nada por un sentimiento mezquino, imperdonable en los espíritus de un valor real, limitándose a cuchichear misteriosamente, temerosos de ser oídos, los testimonios que poseían y que hubieran sido de un peso considerable para hacer triunfar la verdad. Tales hombres son indignos del nombre de sabios. Muchos de ellos pertenecen a lo que se llama la "alta sociedad" y creerían desacreditarse si apareciesen crédulos, ¡a pesar de que aceptan dogmas muy discutibles!
CAMILLE FLAMMARION Astrónomo, filósofo y médium en su trilogía La muerte y su misterio, tomo II, cap. I.M. Aguilar, Editor, México, 1948
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PAPEL DEL ESPIRITISMO FRENTE A LA CRISIS DEL CONOCIMIENTO Y LA FE
SI LAS RELIGIONES AGONIZAN, SI LA FE ANTIGUA SE MUERE, SI LA CIENCIA ES IMPOTENTE PARA DARLE AL HOMBRE EL IDEAL NECESARIO, REGULAR SU MARCHA Y MEJORAR A LAS SOCIEDADES, ¿HABRÍA QUE DESESPERAR DE TODO? NO, PORQUE UNA DOCTRINA DE PAZ, DE FRATERNIDAD Y DE PROGRESO SE LEVANTA SOBRE ESTE MUNDO REVUELTO, Y ELLA VIENE A APACIGUAR ODIOS SALVAJES, A CALMAR LAS PASIONES Y ENSEÑAR A TODOS LA SOLIDARIDAD, EL PERDÓN Y LA BONDAD. ELLA OFRECE A LA CIENCIA LA SÍNTESIS ESPERADA, SIN LA CUAL PERMANECERÍA ESTÉRIL PARA SIEMPRE. TRIUNFA SOBRE LA MUERTE, Y MÁS ALLÁ DE ESTA VIDA DE PRUEBAS Y DE MALES, ABRE AL ESPÍRITU LAS PERSPECTIVAS RADIANTES DE UN PROGRESO SIN LÍMITES EN LA INMORTALIDAD. A TODOS DICE: VENID A MÍ, YO OS REANIMARÉ, OS CONSOLARÉ, OS HARÉ LA VIDA MÁS GRATA, EL VALOR Y LA PACIENCIA OS SERÁN MÁS FÁCILES, MÁS LLEVADERAS LAS PRUEBAS. ILUMINARÉ CON FÚLGIDO RAYO DE LUZ VUESTRO OSCURO V TORTUOSO CAMINO. A LOS QUE SUFREN, DOY LA ESPERANZA; A LOS QUE DUDAN Y DESESPERAN, LA CERTIDUMBRE Y LA FE.
EL PORQUÉ DE LA VIDA, CAP. 9:14 A 17 - LÉON DENIS (FEHAK-Buenos Aires 2006)
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| LA CRISIS CULTURAL, EL EVANGELIO Y EL ESPIRITISMO
La incoherencia caótica del saber oficial y académico y la fabulación de los credos religiosos es la causa de la crisis cultural, política, social, religiosa y científica que impera en nuestra civilización seudocristiana, incompleta y agónica que erradicó a Dios y a los valores del Espíritu, por ignorar la otra mitad de la Realidad, demostrada racional y experimentalmente como fuerza rectora y ordenadora de lo existente, lo cual nos lleva a formular esta ecuación cultural sobre el desencuentro de los distintos estadios que constituyen el patrimonio de los conocimientos del hombre: 1) una Ciencia y una Filosofía que ignoran el elemento espiritual, que es esa otra mitad de la Realidad y, por consiguiente, no aceptando la vigencia de los valores y principios universales del Evangelio de Cristo que imperan en el Universo; 2) una Religión supersticiosa, fabuladora, mítica e inactual, negadora de los aportes científicos de la existencia y la supervivencia del Espíritu y, por tanto, mostrando un Evangelio impregnado de los conceptos superados de lo sobrenatural y el milagro que llevan, indefectiblemente, a las formulaciones erróneas del materialismo acientífico y el fanatismo religioso. A esto obedecen los males de nuestra época, lo que es imperioso reconocer y corregir volviendo a la fuente sublime que rige el destino de los seres humanos y del Universo: Dios, el Espíritu, el Evangelio de Cristo, las leyes morales naturales y divinas que impulsan la evolución incesante a través de la ley de reencarnación, todo ello sintetizado en el Espiritismo, o Doctrina de los Espíritus, que constituye el cumplimiento de la promesa profética del Mesías Jesús, que habría de enviar el Consolador, manifestado en el Espiritismo, pues "el os enseñara todas las cosas, y os recordara todo lo que yo os he dicho". (Juan, 14:26).
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SUICIDIO Y ESPIRITISMO
A este respecto, el Espiritismo obtiene todavía otro resultado enteramente positivo también, y quizás mas decisivo. Nos muestra a aquellos mismos que se han suicidado y que acuden a narrarnos su desgraciada situación, probando así que nadie viola impunemente la ley de Dios, la cual prohíbe al hombre abreviar su existencia. Entre los suicidas los hay cuyos padecimientos por ser solo temporarios en vez de eternos no son menos terribles, y de tal índole que invitan a reflexionar a quien esté tentado de partir de este mundo antes de haber recibido la orden de Dios para hacerlo. El espírita tiene, por tanto, como contrapeso para la idea del suicidio muchos motivos. La certeza de una vida futura, en la cual sabe que será tanto más dichoso cuanto más infortunado y resignado a ello haya sido en la Tierra. La certeza, también, de que acortando su existencia obtiene precisamente un resultado del todo opuesto al que esperaba conseguir: que acaba de liberarse de un mal para caer en otro peor, más prolongado y más terrible; que se equivocaría si creyera que quitándose la vida llegara mas pronto al cielo; que el suicidio es un obstáculo que le impedirá reunirse en el otro mundo con los seres que son objeto de su afecto y que espera volver a encontrar allá. De todo lo cual extrae la conclusión de que el suicidio, al no producirle más que desilusiones, va contra sus propios intereses. Por eso es considerable el numero de suicidios que el Espiritismo evita, y podemos deducir de ello que cuando todos sean espíritas ya no habrá mas suicidios conscientes. Comparando, pues, los resultados de las doctrinas materialistas con los de la Doctrina Espírita, solo desde del punto de vista del suicidio, hallamos que la lógica de aquéllas conduce a él al hombre, en tanto que la lógica de esta última lo aparta, lo cual ha sido confirmado por la experiencia.
(Observación: Según datos recientes ocurre 1 suicidio cada 44 segunds en el Mundo)
ALLAN KARDEC en El Evangelio según el Espiritismo. V:17, Paris, 1864 ( FEHAK-Buenos Aires 1971)
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ADVERTENCIA DE MARÍA, ESPÍRITU,
A LOS SACERDOTES DEL CRISTIANISMO
"Hora est jam de somno surge". Hora es ya de que la humanidad se reconozca; hora es ya de que, obedeciendo a las inspiraciones que descienden de las esferas etéreas y acompañando su propia y espontánea actividad, salga de Egipto, de la esclavitud de sus errores, hacia su liberación, para emprender y seguir a paso firme, sin vacilaciones y prevaricaciones, el camino que conduce a la tierra prometida. Hora es ya de que la verdad se abra paso en las inteligencias y reinen en los corazones la caridad y la humildad. Hora es ya de que la semilla sembrada en las conciencias por el Hijo del hombre produzca fruto abundantísimo de vida, y que todas las sectas religiosas, depurándose de cuanto son obras y mandamientos de hombres* y conservando lo permanente y eterno, converjan, se unan e identifiquen en Dios y en el Evangelio para constituir la Iglesia Universal, el verdadero Catolicismo Cristiano. "Vosotros, los que por fanatismo, por ignorancia o por orgullo os creéis ministros, sacerdotes y representantes de todo un Dios y depositarios de sus verdades y poder sólo porque otros hombres os han impuesto sus manos, tal vez impuras y manchadas, y pronunciando sobre vuestras cabezas una fórmula vana e ineficaz, venid, venid aquí, hermanos míos, hijos míos; venid, pues todos cabéis en la misericordia del Padre; venid, y decidme: ¿Qué sois vosotros? ¿Quiénes sois vosotros? ¿Habéis penetrado con imparcial e investigadora mirada en vuestro corazón, en los recónditos pliegues de vuestra conciencia, en los secretos de vuestra alma? ¿Habéis medido vuestros deseos? ¿Habéis sondado vuestras debilidades y miserias y buscado, desnudos de amor propio, el verdadero nivel de vuestras virtudes? ¿Os habéis mirado, os habéis escudriñado bien? ¿Habéis siquiera pensado en estudiaros? En una palabra: ¿os conocéis? Pues si no os conocéis, haced alto al llegar a este punto: concentraos, hijos míos, y pedid a Dios que os abra los ojos para que podáis ver con claridad y sin orgullo; porque se os llama a un juicio de amor, en virtud del cual se os abre el camino de vuestra reparación y el medio de que podáis comparecer sincerados y limpios a otro juicio, al juicio en que cada cual recoge el fruto de sus obras. Estudiaos, os repito y decidme: Al encontraros frente a frente de vuestros hermanos los demás hombres, a quienes con tanta ligereza condenáis, y de vuestra conciencia, que os recuerda lo que sois ¿os habéis, por ventura, juzgado superiores y dignos de ser sus maestros, y los ministros de Aquel que todo lo ve y todo lo juzga? ¿Habéis podido dudar de que ante Dios nadie es más que aquello de que sus obras le hacen merecedor? Venid y decidme: La fe que queréis imponer a los demás proscribiendo y condenando el más esencial atributo de las almas, ¿la tenéis vosotros? Y los que de vosotros la tenéis, ¿cómo la habéis adquirido? ¿Por vuestra iniciativa, por vuestras virtudes, por vuestro estudio y esfuerzo por haber mirado la luz o por haber cerrado los ojos para no verla? Venid y decidme: Al consagraros al sacerdocio ¿habéis consultado los intereses espirituales de la humanidad o los vuestros temporales?, ¿lo habéis aceptado como un sacrificio, o como un modo de vivir y prosperar? ¿Habéis profesado la pobreza que nace del amor, y la dulzura que nace de la humildad, o, por el contrario, habéis sido acaparadores e iracundos? Venid y decidme: ¿Habéis dado y enseñado a dar a Dios lo que es de Dios y a César lo que es de César; o bien os habéis postrado a los pies del César en desdoro de la majestad de Dios, e invocado el nombre de Dios para combatir al César? En las contiendas, en las guerras entre vuestros hermanos ¿habéis corrido a contenerlas y hacerlas menos sangrientas con vuestra apostólica unción; o la habéis enardecido y ensangrentado abusando de la influencia que habéis ejercido y aún ejercéis en razón a vuestro ministerio? ¿Habéis querido como Jesús reinar en las almas por la caridad, o dominar en la Tierra por la ignorancia? Venid y decidme: Después de tantos siglos que habéis gobernado las conciencias, explicado la moral y dirigido las sociedades, ¿en qué estado habéis dejado las sociedades, las costumbres y las conciencias? ¡Ah, éste no es el fruto, no, del Evangelio! "Reconoceos, hijos míos; compadeceos de vosotros mismos, como yo me compadezco y como mañana os compadecerá la humanidad; amaos más en Dios y menos en la carne, que todavía estáis a tiempo. Habéis errado; ¿quién no ha errado? Habéis cometido faltas; ¿quién con derecho podrá arrojar sobre vosotros la primera piedra? Levantad del suelo la bandera que Jesús enarboló, y, dejando de ser sacerdotes por el hábito, sedlo por la caridad y la predicación. No dudéis de que quien os habla es María, la mujer dichosa que llevó en su vientre al celestial Enviado, al Fundador de la divina religión que vosotros creéis profesar y no profesáis como debéis. No rechacéis esta revelación ni la condenéis sin meditarla. Estudiadla sin odio, sin pasión, sin prevenciones de escuela y sin el egoísmo del sectario; y si después de este provechoso estudio, para el cual os suplico invoquéis fervorosamente el auxilio de Dios, la luz de la sabiduría increada, os sentís impulsados a confesar que este documento, reflejo fiel de la verdad evangélica, no puede ser obra de un genio maléfico, de un espíritu mentiroso, confesadlo, hermanos míos, hijos míos, y aceptad y defended la Nueva Revelación. ¿Qué importa que esta Revelación venga a derribar y pulverizar un coloso de diez y nueve siglos, si libera al mismo tiempo del polvo de la ignorancia, del error y del egoísmo a toda la humanidad? No rechacéis al Espiritismo; no intentéis combatirlo con el diablo, que se evapora en vuestras manos al calor de la nueva luz y desaparece para ocupar su verdadero asiento entre los recuerdos mitológicos. Si pretendéis obstinaros en vuestros errores y encerraros en vuestra infalibilidad orgullosa, no por eso lograréis impedir ni detener un momento lo que está irrevocablemente decretado: seréis arrollados por la idea, y sucumbiréis miserablemente, llevando en vuestra caída la compasión de los unos, el desprecio de los otros, el odio de muchos y la severa responsabilidad de vuestros actos. "Amaos los unos a los otros y glorificad a Dios". MARÍA * Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres (Mateo, 15:9) Comunicación mediúmnica extraída del libro Roma y el Evangelio, de José Amigó y Pellicer, Editorial Víctor Hugo, Buenos Aires, 1946.
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